domingo, 27 de abril de 2014
“La mujer águila”
Hay días en los que me siento tan perdida, bueno no diría pérdida, más bien extraviada. Esos días como que te sientes ajeno de ti mismo y el mundo te resulta algo extraño e impenetrable. Mejor dicho a la final no estas contigo, ni con nadie. Y ahí justo ahí, me encuentro como un trompo, tratando de encontrarme entre el movimiento que no para. Es algo similar a lo que me sucede cuando veo en las caricaturas imágenes en gris que pasan rápidamente simulando la velocidad, es a la final una sensación de borrachera. Y lo que pienso siempre es que la borrachera bien controladita se siente muy bien, esa sensación deliciosa que te recorre el cuerpo con un calor general y al decir general me refiero a esa sensación que te va de la cabeza a los pies, pero también te traspasa las sensaciones, energías, pensamientos y demás. Lo que pienso es que la vida a veces nos sobrepasa de esa manera general, es una vaina tan tenaz que no sabes que hacer con ella, y por mas caminos que intentas, regresas al mismo punto de inicio donde arranco el movimiento, pero la diferencia está, en que a cada vuelta vas teniendo más y más claridad y es con esa claridad como atraviesas el umbral entre el movimiento y la precisión.
Cuando la precisión llega, es como un hachazo de decisión que se ejerce de manera natural y espontánea, no tienes el menor titubeo simplemente lo haces y ya. En otras palabras solo sucede. Así vi a mi madre esta mañana tomando una decisión impactante después de verla años y años estar en la rueda interminable, era el momento de lanzarse del tren aún sin que el parara para comenzar por fin su nueva y propia vida. Cuanto tiempo nos tardamos en comprender que el único y verdadero destino solo es caminar hacia lo más profundo de nosotros mismos, creemos que es recorrer caminos externos y no es que ello no resulte un buen viaje, lo que sucede es que solo es el vehículo para que emprendas en algún momento el verdadero viaje que es hacia las profundidades del alma. Así me siento como cruzando puertas que me van llevando hacia nuevos destinos internos, apenas se va dibujando el itinerario, un itinerario muy cercano pues en estas cosas, no hay planes demasiado largos, en cualquier momento el viento cambia de rumbo y así la vida misma también. Lo que más me gusta de mi madre es la aureola gris que se le hace alrededor de sus pupilas después de que llora a cantaros y cuando digo a cantaros es en serio, pues nunca he visto llorar a alguien con tanta fuerza como a ella, es imparable, es como un rio que se deboca de su cauce y va abriéndose camino sin parar, tú crees que ella está en el mismísimo infierno y después como un ave fénix la vez renacer entre las cenizas, se levanta y sus ojos de aureola gris se ven como espejos trasparentes, espejos que muestran al otro lado un encuentro intimo con la sabiduría de la vida, con la claridad del universo… Con Dios.
Antiguamente cuando era niña esa mujer me producía muchísimo miedo, pues no podía ver su lado luminoso, mejor aún a ella le costaba trabajo dejar ver su lado luminoso, todo lo que veías de ella eran tinieblas, soledad, amargura, rabia, ira, estar a su lado era como espinas que te atraviesan sin tan solo rosarte. Qué extraña es la energía, siempre mostrándose en silencio y con misterios, pero a la final haciéndote entender que existe. Eso le pasaba a mi madre era como una sombra gris que no tiene más nada que entregar que la tristeza profunda de su alma. Yo creo que nació así, con la mancha atravesándole el alma, mis tías cuentan que de niña era malvada, que intentaba ahogar a las sobrinas con almohadas cuando lloraban mucho y que les pegaba durísimo, en el rol de la madre cuando todo tan solo era un juego. Era el terror de la cuadra, del barrio y el vecindario. Su blanca piel no reflejaba en nada su mancha interna. Desde que la conozco la he visto intentando huir de la mancha, pero solo hasta ahora, lo que les contaba de la mañana la he visto por fin, abriendo la nueva puerta para comenzar un destino diferente. Y me siento tan inmensamente feliz, pues a medida que ella se libera, me libera y nos libera a todas las energías femeninas, en hombres, mujeres, plantas, flores, piedras, pues siempre he pensado que cuando un ser humano logra algo trascendental en su vida, nos está ayudando a todos a lograrlo, que belleza verdad? Porque esto es individual, pero al mismo tiempo es de todos, pero no trabajamos directamente en el otro, nos corresponde trabajar en el interior de cada uno y luego son las vibraciones resultantes de ese trabajo las que se conectan con el afuera… con el otro.
Bueno hoy iré más tranquila que nunca a la cama, pues como les contaba he estado en este trompo que no para, y no porque sea positivo o negativo, solo son un sin fin de movimientos que me van haciendo más sensible y consciente frente a los instantes de quietud, de silencio. La verdad lo que paso con mi madre, (ya más adelante les contaré un poco más de esta percepción que tengo a cerca de las madres, sin desconocer que puede ser una visión totalmente errada pues no soy madre, y solo me atrevería a hablar de lo que por la rendija de la puerta se me ha permitido ver) me dio la claridad de que siempre llega la certeza, y no es la certeza de ninguna decisión externa o de algo que tenga que ver con otro. No, es la certeza de verse hacia dentro y comprender que pase lo que pase, que este quien este, o que no este el que no este, estar con ella y hacia dentro es lo más importante en su existencia, el reencuentro con su propia luz incandescente. Amo a esa mujer de aureola gris, amo su ejemplo de luchadora, amo ese pájaro glorioso que ella es y lo que más amo en ella es como nos está empezando a mostrar a todos su vuelo. Esa es ella… la mujer águila”
Con infinito amor
Gina Ardila
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